Libertad vigilada

DEJEMOS DE CULPARNOS

       

                       

                                                       

Dejemos de culparnos por lo que hicimos mal, por lo que no supimos hacer o por lo que ni siquiera hicimos. Dejemos de martirizarnos por lo que perdimos, por lo que dejamos ir o por lo que no conseguimos. Dejemos de pensar en qué fallamos. Dejemos de arrepentirnos.

Fue y fue así por algo. En ese momento lo hicimos mal porque teníamos que aprender cómo se hacía bien. Aquel día dijimos las cosas de la peor forma porque debíamos aprender cómo se dicen bien. Salió en caliente porque la lección era “lo contrario es en frío”.

No retuvimos a aquella persona porque teníamos que ver que no era esa, que era otra. No besamos a tiempo porque otros labios esperaban. No dijimos “te quiero” porque la vida nos tenía que enseñar que nunca nos tenemos que callar los sentimientos.

Pero, por Dios, dejemos de castigarnos con lo que no fue como “pensábamos que debía de ser”. Porque la vida es tan corta que no podemos perderla en lamentaciones, en “y si…”, en los ¿por qué no dije, hice, pensé…”.

Dejemos esa absurda manía de mirar atrás. Dejemos el hiperromanticismo de lado. Los cuentos de hadas no existen, ni existirán jamás. Los príncipes o princesas azules, querid@s, tampoco. Ni los lobos feroces. No existe la perfección, y un amor sin equivocaciones, sin errores, es pura ficción.

Así que disfrutemos de todo lo que nos rodea hoy, porque mañana será pasado. Pensemos bien las cosas y apliquemos las lecciones que la vida nos hizo aprender. Pero sin victimismos, sin culpabilidades, sin lágrimas. Todo de una forma constructiva.

Dejemos la utopía de que el amor no existe. ¡Claro que existe, locos! Pero no es perfecto, ni tiene por qué ser para siempre. Hay amores de unos meses, de una noche, ¡y de un beso!. Hay amores tan fugaces que ni siquiera te dicen su nombre, pero que se clavan dentro.

Nuestro problema es que nos han establecido que el amor es comer una manzana envenenada y que nuestro príncipe se recorra medio mundo para besarnos, nos han dicho que el amor es un “fueron felices y comieron perdices”. Nada más lejos de la realidad.

El amor existe, pero es más complejo que eso. Y no se puede limitar un sentimiento tan grande, ni encasillarse de esa manera. El amor es humano y nada utópico, por eso tiene errores. Por eso nos equivocamos, porque no es tan fácil amar y quien diga lo contrario miente. Así que no nos culpabilicemos del pasado, aprendamos pero, sobre todo, amemos, amemos hasta con errores.


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