Libertad vigilada

Tu libertad empieza cuando comprendes quién eres.

Escribía como mero desahogo personal, un día decidí compartir mis experiencias y reflexiones con la gente. Aquí comienza mi andadura...

QUERIDA SOLERTAD,

Escrito por freedomwords 19-01-2016 en soledad. Comentarios (0)

Llevo años teniéndote miedo.  Enredándome en amores distintos. Algunos calaron, otros dolieron, otros enseñaron, otros simplemente existieron… Algunos los busqué desesperadamente (consecuencia del pánico que le tenía a aquello que llamaban “soledad”). Otros llegaron cuando no buscaba a nadie, y me hicieron vivir historias que ni siquiera se puede calificar de “real”.

Y así estuve, de rama en rama, de piel en piel, de cuerpo en cuerpo, llamando ‘amor’ a todo lo que no era más que compañía. Llamando ‘relación’ a lo que era simple calor. Gritando “para siempre” cuando no era más que algo efímero. Sufriendo por despedidas, sin entender que era algo opcional. Que era un adiós vano.

Y un día, sin saber cómo ni por qué, me vi sola. Me había metido en el mar en el que navegaba aquello que tanto miedo me daba. Y algo en mí entendió que eso, a lo que tanto pánico le tenía, era lo que había estado viviendo durante todo ese tiempo. Aprendí que la soledad no era “no tener pareja”, era haber (mal)gastado el tiempo con personas que no amaba.

No podría decir cuántas personas han estado en mi vida, pero sí puedo contar a cuántas he querido, y creedme, me sobran muchos dedos de una sola mano. ¿Entonces? ¿Es que eso a lo que le tenía miedo era precisamente en lo que estaba sumergida?

Ahora sé que tenía que alejarme de todo para saber quién soy. Me he dado cuenta de que no me conocía. Y es muy cierto lo que dicen: “A veces tienes que perderte para encontrarte”. Creo que es la primera vez en mi vida que puedo decir que soy feliz.

No sabía que era una persona conformista. No sabía que me hacían feliz nimiedades como llegar a casa y pedir una pizza, comprarme un paquete de donetes o salir de trabajar y fumarme un cigarro mirando al cielo. No sabía que me gustaba cerrar los ojos cuando llueve y levantar la cara para notar las gotas de lluvia. No sabía que me relajaba quedarme sin batería y desconectar de esta fiebre 2.0. Me gusta leer, me gusta mirar por la ventana mientras escucho música e imagino cómo sería estar en una casa en medio de una montaña. No sabía que me gustaba escuchar las historias de la gente que no conozco. No sabía que podía llegar a estar tan segura de mí misma. Cuando hace frío me gusta cogerme un café caliente en el bar de al lado de la estación del tren. No me gusta correr detrás del autobús, metro o tren cuando lo pierdo. Me encantan los jerseys anchos, las zapatillas cómodas y los moños desechos. Me gusta tumbarme en la cama y ver reportajes, y me encantan las conversaciones que duran horas…

Soledad no era estar sola, soledad era no saber ser feliz sola. Que no es lo mismo. Ahora a ese gran enemigo que creó mi mente, le llamo libertad. Y oye, qué bien sienta. Soy feliz, y no porque esté “sola”, porque sé estar bien con o sin compañía.

Casi todos los días me preguntan por qué no tengo pareja. “No lo sé, no habrá llegado todavía”, digo, “pero no tengo prisa, soy feliz conmigo misma”. Quién me iba a decir a mí que podría contestar eso con una sonrisa en la cara.

He ganado calidad de vida, desde luego. Ahora estoy preparada para seguir siendo feliz con o sin compañía. Porque he aprendido la clave de la vida: “Ser feliz”. Hubo una época de mi vida en la que viví con miedo. Miedo al qué dirán, miedo a lo que sentía, miedo a perder, miedo a no saber ganar. Todo eso se acabó, solertad.

Eso forma parte del pasado. Es algo que he tenido que vivir, porque sin esos errores no podría haber aprendido. Doy gracias a todas las personas que formaron parte de mis equivocaciones porque me han ayudado mucho en este presente tan dulce. Querida soledad, te he cambiado el nombre, te pega más: “Solertad”. Porque sola soy libre, porque soy libre y soy feliz. Porque no hay nada malo en vivir así. Al fin, estoy en paz.

QUERIDA SOLERTAD



NO DIGAS NADA

Escrito por freedomwords 19-01-2016 en amor. Comentarios (0)

Shh, no digas nada. Que no se te note en la mirada que se para el mundo cuando nos miramos. Que no se entere nadie de que nos amamos, por favor, no digas nada. Que no nos tengan que señalar con el dedo porque decidimos ir a contracorriente.

No llores, venga cálmate. Alguien mejor vendrá. Ya verás, esto es algo pasajero. Nada, tonterías, nimiedades. Seguro que en realidad no nos amamos, que es el azar, que es cosa de locos, nos gusta lo prohibido.

No me roces al pasar, que nadie se dé cuenta de que nos hemos quedado aquí encerrados en este instante. Diles a tus manos que no tiemblen cuando estoy cerca, dile a tu respiración que no se agite cuando te hablo. Nos van a delatar.

Por favor, deja de imaginar un futuro conmigo. ¿No sabes que en nuestro camino hay obstáculos? Esto es como la “falsa moral” de OBK. No me quieras tanto, ¿no ves que esto es pasajero? Deja de hacerme feliz que ya está aquí la despedida, sí, a la vuelta de la esquina. Deja de abrazarme, deja de besarme. Deja de ser mi perfecta mitad, ¿no entiendes que no puede ser?

Por favor, no llores, me tengo que ir. Los imposibles también existen, y tú y yo somos eso, imposibles. ¿No ves que la luna está encarcelada? Es mejor que se quede en una historia bonita con un obligado final. No te envalentones, empecemos a ser desconocidos con recuerdos en común.

Venga, sigue adelante, cuando te pregunten por mí, diles que no me conoces, diles que fue un espejismo. Estas noches se quedarán dentro de nosotros. Ya está, déjalo. Es tarde.

Es tarde, no fuimos valientes. Nos dejamos vencer. ¡Mierda! Si es que no luchamos…Nos dejamos ganar antes de comenzar la batalla. Maldito miedo, malditas dudas.  Adiós mi amor.

Un año después…

Se te ve mejor, eres feliz. ¿Ves? Te lo dije. Te dije que vendría alguien mejor, te dije que te volverías a enamorar. Que yo solo fui un espejismo, una utopía, un paréntesis en la cordura de tu vida. Un terremoto que arrasa todo lo que pilla a su paso.

Has reconstruido tu vida, y no sabes cómo me alegro. Se acabó el dolor y la culpabilidad de amar lo imposible. Ahora puedes seguir, ya tienes tu historia de amor, fácil.

Se acabaron las dudas, la angustia, las lágrimas… Ya tienes tu paz. ¿Yo? Pues aquí sigo, una escritora mediocre, que cuenta sus historias de imposibles en sus noches de insomnio.

No, no, que va, no me volví a enamorar. Desde que te fuiste no pude volver a ponerme la máscara. Cuando uno prueba la libertad, ya sabes, no quiere volver a la rutina. Sí, sí, soy feliz. Me tiré mucho tiempo culpando a mi cobardía por dejarte de ir, pero ya lo he aceptado. ¿Que en qué quedó todo? Nuestro secreto inconfesable. Gracias por todo.

No te vengas abajo ¿Eh? Ya hemos pasado lo peor. Ya sólo es seguir el camino. Shh, no mires atrás. No te des la vuelta para buscarme. Ya hemos superado todo, o por lo menos nos hemos decidido a dejarlo en un lado del corazón en el que no haga tanto ruido. Shh, no digas nada, que se van a dar cuenta de que no nos hemos olvidado. Cuídate y sé feliz.


DEJEMOS DE CULPARNOS

Escrito por freedomwords 18-01-2016 en amor. Comentarios (0)

       

                       

                                                       

Dejemos de culparnos por lo que hicimos mal, por lo que no supimos hacer o por lo que ni siquiera hicimos. Dejemos de martirizarnos por lo que perdimos, por lo que dejamos ir o por lo que no conseguimos. Dejemos de pensar en qué fallamos. Dejemos de arrepentirnos.

Fue y fue así por algo. En ese momento lo hicimos mal porque teníamos que aprender cómo se hacía bien. Aquel día dijimos las cosas de la peor forma porque debíamos aprender cómo se dicen bien. Salió en caliente porque la lección era “lo contrario es en frío”.

No retuvimos a aquella persona porque teníamos que ver que no era esa, que era otra. No besamos a tiempo porque otros labios esperaban. No dijimos “te quiero” porque la vida nos tenía que enseñar que nunca nos tenemos que callar los sentimientos.

Pero, por Dios, dejemos de castigarnos con lo que no fue como “pensábamos que debía de ser”. Porque la vida es tan corta que no podemos perderla en lamentaciones, en “y si…”, en los ¿por qué no dije, hice, pensé…”.

Dejemos esa absurda manía de mirar atrás. Dejemos el hiperromanticismo de lado. Los cuentos de hadas no existen, ni existirán jamás. Los príncipes o princesas azules, querid@s, tampoco. Ni los lobos feroces. No existe la perfección, y un amor sin equivocaciones, sin errores, es pura ficción.

Así que disfrutemos de todo lo que nos rodea hoy, porque mañana será pasado. Pensemos bien las cosas y apliquemos las lecciones que la vida nos hizo aprender. Pero sin victimismos, sin culpabilidades, sin lágrimas. Todo de una forma constructiva.

Dejemos la utopía de que el amor no existe. ¡Claro que existe, locos! Pero no es perfecto, ni tiene por qué ser para siempre. Hay amores de unos meses, de una noche, ¡y de un beso!. Hay amores tan fugaces que ni siquiera te dicen su nombre, pero que se clavan dentro.

Nuestro problema es que nos han establecido que el amor es comer una manzana envenenada y que nuestro príncipe se recorra medio mundo para besarnos, nos han dicho que el amor es un “fueron felices y comieron perdices”. Nada más lejos de la realidad.

El amor existe, pero es más complejo que eso. Y no se puede limitar un sentimiento tan grande, ni encasillarse de esa manera. El amor es humano y nada utópico, por eso tiene errores. Por eso nos equivocamos, porque no es tan fácil amar y quien diga lo contrario miente. Así que no nos culpabilicemos del pasado, aprendamos pero, sobre todo, amemos, amemos hasta con errores.